A pesar de la creencia general la leche animal no es adecuada para el consumo humano. Puede provocar numerosas patologías. Y no ayuda a fortalecer los huesos; en Estados Unidos, el mayor consumidor mundial de leche, es donde hay más casos de osteoporosis. Al contrario, la leche animal nos acidifica y desmineraliza pudiéndonos provocar osteoporosis. De hecho las mujeres vegetarianas que no toman leche tienen un 18% de pérdida de hueso mientras las omnívoras padecen una pérdida ósea del 35%. En cuanto a los niños lactantes sépase que éstos asimilan bien la caseína de la leche materna pero no la de la leche de vaca.

Ésta puede inflamar el organismo y ser causa de intolerancias y alergias. Además está constatado que los niños que toman varios vasos de leche al día tienen sus arterias en peores condiciones que los que no la toman. Sin olvidar que la leche de vaca contiene 59 tipos diferentes de hormonas que pueden ser causa de muy diversas enfermedades degenerativas.

Es hora de que sepa: el consumo de leche -y sus derivados -se ha relacionado ya con la anemia ferropénica, la artritis reumatoidea, la osteoartritis, el asma, el autismo, las cataratas, la colitis ulcerosa, la diabetes mellitus tipo i, los dolores abdominales, la enfermedad de crohn, las patologías coronarias, la esclerosis múltiple, el estreñimiento, la fatiga crónica, las fístulas y fisuras anales, la incontinencia urinaria o eneruresis, las migrañas, los problemas de oídos y garganta, la sinusitis, las reacciones alérgicas, el sangrado gastrointestinal, el síndrome de mala absorción, los trastornos del sueño, las úlceras pépticas, la acidosis, la preeclampsia, la dificultad de aprendizaje en niños, la infertilidad femenina, los linfomas y los cánceres de estómago, mama, ovarios, páncreas, próstata, pulmón y testículos.

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